Hablé acerca del uranio por primera vez en las páginas de mi blog hace más de un año. Mi atención se centró en algunos problemas. El primero fue un sentimiento muy negativo hacia esta materia prima. El mundo parecía olvidar que alrededor del 10% de la producción mundial de energía proviene de centrales nucleares, siendo los mayores productores Francia, Rusia y los EE. UU, los cuales presionan con fuerza al resto de países a que construyan unidades de energía.

El segundo tema fue el de los precios tan bajos, lo cual se lo debemos, por supuesto, al desastre de Fukushima y a la histeria masiva en torno al uranio. En 2011, justo antes de la tragedia, los precios del uranio fluctuaron alrededor de 70-75 $, dependiendo de si se relacionaban con los precios spot o los precios en las entregas basadas en contratos a largo plazo. Hasta 2017, los precios cayeron a 20-25 $/lb. Esto es importante, ya que el coste promedio de extracción es de 60 $. Este precio incluye todos los costes: capital, mano de obra, equipo, combustible, seguros, y es necesario mantener la producción sin cambios. Hay, por supuesto, proyectos mineros donde el punto de equilibrio es de 25-30 $, pero la mayoría tienen un punto de equilibrio más alto.

 

Sin embargo, el factor que me llamó más la atención fue la caída del 90% del ETF URA, asegurando la exposición a compañías que se dedican a la extracción y procesamiento de uranio. Varias veces en las páginas del blog señalé que rara vez se producen caídas tan fuertes y, normalmente, después de alcanzar el nivel crítico se produce un rebote. Los años 2011 - 2017 fueron trágicos para toda la industria. De casi 500 proyectos que operaban antes del desastre de Fukushima, solo se mantuvieron alrededor de 60. Ésta fue la consecuencia de los bajos precios.

 

La trágica situación en la industria se ha mantenido la mayor parte de 2017. Prácticamente no había productores que generaran ganancias, y seguir extrayendo llevó a más productores a la bancarrota. La situación cambió el 8 de noviembre. En ese momento, las autoridades de Cammeco Corp, el mayor productor de uranio, anunciaron que suspenderían la producción en el proyecto minero más grande. El mensaje era muy claro. Si desean uranio, entonces paguen por ello un precio justo o en absoluto lo obtendrán. Estamos hartos de obtener perdidas constantes. Ese día, en mi opinión, será recordado como el momento en que se revirtió la tendencia negativa iniciada por Fukushima durante más de 6 años.

 

El mensaje de Cameco no fue el que solíamos estar acostumbrados a escuchar. Fue tan directo que en solo un día los precios de URA aumentaron más del 11%. ¡Los precios de muchas compañías más pequeñas crecieron en un 40% o 50% durante una sesión! Incluso las cotizaciones de Cameco, que cayeron un 7% en la apertura, terminaron el día en positivo. Después de tales repentinos incrementos, sería normal que el precio baje un poco, pero no sucedió nada de eso. En los medios hubo una verdadera avalancha de información positiva sobre la industria, y el cierre del proyecto más grande de Cameco tuvo una repercusión tan grande como el accidente del 11 de marzo de 2011. En última instancia, los precios de URA aumentaron más del 22% en dos semanas. Es mucho para un período tan corto.

 

¿Volverá el uranio a precios tan altos? En mi opinión, sí. Hace varias semanas, alcanzamos un nivel donde la propia industria dijo basta. Tanto los productores como los especuladores del mercado de productos básicos se dieron cuenta de que va a volver a subir, así como las centrales eléctricas, para quienes el precio del uranio no es muy importante, ya que si no me equivoco, el coste del combustible a precios corrientes no supera el 4% de todos los costes. Por lo tanto, no tenemos flexibilidad de precios. Las leyes de la oferta y la demanda se han estado equilibrando a sí mismas con una fuerza enorme. No sin razón, los contratos de suministro de uranio para enero ya han aumentado de 20 a 25 $ / lb, pero en mi opinión, esto es solo el comienzo del cambio de tendencia.

 

A continuación adjunto un gráfico que muestra los precios del uranio durante la última década.

Para que los precios vuelvan a los niveles de 2011, lo creo que es solo cuestión de tiempo, tendrían que casi triplicarse. Algo que para muchos inversores parece improbable, para mí es algo que sucederá con gran probabilidad. Hay varias razones:

 

Japón, que después de 2011 cerró la mayoría de los reactores, inundó el mercado con uranio innecesario. Ahora la situación se invierte. El país está reiniciando más unidades de energía. Por un lado, la histeria está pasando, y por otro lado es necesario mejorar la situación económica y la balanza comercial. En definitiva, el 30% de la energía de Japón se obtiene del átomo.

 

China, India o Rusia están construyendo nuevos bloques de energía para el suministro eléctrico, lo que contribuirá al crecimiento de la demanda de Uranio y al incremento del déficit.

Como resultados de los bajos precios, se detuvo una parte significativa de los proyectos mineros, o los productores se declararon en bancarrota. Es cierto que la producción aún se mantiene en un nivel bastante alto, pero algunos países, como Kazajstán (40% de la producción mundial), tienen exportaciones muy limitadas de materia prima. Nadie quiere renunciar a recursos valiosos a cambio de casi nada.

 

Las actitudes negativas hacia el carbón y el CO2 continuarán en los próximos años. Es muy importante el hecho de que la eficiencia del uranio es 3 mil millones de veces mayor que la del carbón, que genera el 30% de la energía mundial. Un gramo de uranio genera tanta energía como mil toneladas de carbón.

 

Las perspectivas para el uranio y para las compañías mineras (las que han sobrevivido) parecen ser muy buenas. ¿Cuál es el potencial de crecimiento? Tendréis que responder vosotros mismos a esta pregunta. Como curiosidad solo agregaré que entre 2000 y 2008 (desde el fondo del mercado bajista hasta el pico del boom de las materias primas), las cotizaciones de Cammeco (el mayor fabricante de uranio) se multiplicaron por 30.

Del pesimismo extremo al optimismo desbocado

 

Con Tesla ocurre lo contrario de lo que ha pasado con el uranio. En los últimos años, los precios de las compañía automovilística han alcanzado niveles records empujados por el capital de los pequeños inversores, que confían en un mayor crecimiento de las cotizaciones. La admiración hacía Elon Musk o Tesla no tenía fin. En todas partes se podía escuchar hablar sobre el éxito del maestro de las relaciones públicas. No era importante que la compañía nunca haya mostrado ganancias, ni 10 mil millones de deuda, así como el ritmo al que la empresa pierde capital. La falta de servicios, estaciones de carga, problemas técnicos y la potencial competencia de los gigantes automovilísticos con décadas de experiencia era irrelevante. Las valoraciones de Tesla parecían como si la compañía tuviera un monopolio global en este mercado altamente competitivo.

 

A mediados de septiembre, el hechizo se rompió. Resultó que tan pronto como las acciones crecían, podrían caer igual de rápido. De repente resultó que los competidores están trabajando en el desarrollo de vehículos eléctricos más rápido de lo que parecía. Por citar algunos ejemplos:

 

- Volvo anunció que a partir de 2019, finalizará la producción de automóviles con motores de combustión. En 2019-2023, la compañía presentará al menos 5 automóviles con propulsión híbrida o eléctrica.

 

- Audi está trabajando en el modelo Quattro en su versión eléctrica, mientras que el grupo tiene la intención de producir 25 modelos eléctricos o híbridos para 2025.

 

- Porsche tiene la intención de presentar el Cayman eléctrico antes de finales de 2019.

 

- Nissan presentó el modelo Leaf, que cuesta 30.680 $ en la versión básica.

 

¡Y este es solo el comienzo de las actividades de la competencia!

 

Continuando con el tema, los inversores percibieron problemas financieros y técnicos en Tesla. El efecto fue que el precio de las acciones cayera un 22%, lo cual es, en mi opinión, solo el comienzo. Esto no es solo mi sentimiento, sino prácticamente el de todos los amigos de la industria con los que generalmente consulto mis decisiones. Esta visión parece confirmar el cambio en la actitud de los medios hacia el director general de Tesla. Si bien todos anteriormente admiraban sin ninguna crítica todos los nuevos proyectos, hoy cada vez más se puede leer artículos que reflejan la situación real de la empresa favorita de los inversores. Tengo curiosidad por saber a qué niveles bajarán las cotizaciones cuando finalmente el sentido común llegue a los accionistas de Tesla. En mi opinión, será de 40 $ por acción.

 

Conclusiones

 

La fe ciega en aumentos o caídas sin fin es algo natural en los mercados. Nuestras mentes están estructuradas tanto que invertimos mucho más en algo que crece, en algo que todos invierten. Nos sentimos cómodos en un ambiente así. Es mucho más difícil nadar a contracorriente, buscar activos infravalorados o apostar por las bajadas cuando la mayoría está firmemente convencida del enorme potencial de crecimiento.

 

Invertir no es un concurso de popularidad, sino una lucha por obtener ganancias, y aquí los fuertes fundamentos o el sentido común deben prevalecer sobre las emociones. Esto no se trata de uranio o Tesla. Hay muchos ejemplos: Acciones rusas extremadamente infravaloradas en 2016 en las que "solo los locos podían invertir". Al final, Putin tuvo que nacionalizarlo todo. Nigeria es otro ejemplo, donde podemos encontrar bajos precios del petróleo, pero también una guerra civil. La consecuencia es un sentimiento extremadamente negativo y precios irracionalmente bajos. Materia primas estratégicas, metales de tierras raras, etc. Hay muchos ejemplos.

 

Sin embargo, lo más importante es entender que al invertir debemos deshacernos de las emociones, dejar de mirar lo que piensa la gente. Quédate con el sentido común. Alguien dirá que es fácil de decir. Es más difícil invertir en activos baratos, cuyo precio ha estado cayendo durante años y, lo que es peor, sigue cayendo, a pesar de que ya hemos invertido nuestro capital. ¿Entonces qué? Si compramos uno u otro ETF barato, ¿su precio crecerá inmediatamente? Por supuesto que no. Entré muchas veces en un activo barato, cuyo precio continuó cayendo. Empecé a jugar contra otros activos, pero el precio seguía aumentando. ¿Entré en pánico? No, estaba mirando los fundamentos. Si no han cambiado, en base al análisis técnico, he aumentado la posición en ocasiones al especular más. Gracias a esto, es más fácil luchar contra las emociones y, finalmente, deshacerse de ellas. Te deseo esto. Finalmente, las emociones son el mayor enemigo del enemigo.

 

El equipo de Independent Trader